
Deje de calentar el techo de su taller: por qué la radiación infrarroja es mejor que el vapor para secar madera
Muchos talleres siguen utilizando sistemas de calefacción por vapor. Entiendo eso; así se ha hecho siempre. Pero seamos honestos: los costos asociados a este sistema son enormes. Entre las tuberías que gotean y los problemas constantes con la caldera, uno gasta una fortuna solo para mantener el equipo en funcionamiento. Y lo peor es que gran parte de ese calor ni siquiera llega a la madera.
¿Dónde va realmente la energía?
Piénselo bien. Los sistemas de vapor intentan calentar toda la habitación solo para secar unos cuantos trozos de madera. Es un desperdicio de dinero.
La radiación infrarroja es diferente. En lugar de calentar el aire, las lámparas de infrarrojos envían energía directamente hacia la madera. Es casi instantáneo. Mientras que un secador por vapor tarda horas en alcanzar la temperatura adecuada, la radiación infrarroja alcanza su potencia máxima en pocos segundos. De esta manera, deja de pagar por calentar el techo del taller y puede utilizar esa energía donde realmente es necesaria.
El costo económico
Sí, hay un costo inicial para adquirir equipamiento de infrarrojos. Pero hay que considerar todo lo que se ahorra. Ya no hay necesidad de tratar constantemente el agua ni de realizar mantenimiento constante en la caldera.
Está reemplazando esos costos molestos y recurrentes por una inversión única. Para la mayoría de las plantas industriales, los ahorros en electricidad y los tiempos más cortos de secado compensan rápidamente el costo del sistema.
Las ventajas
Una de las cosas que me gustan de la radiación infrarroja es el control que ofrece. Se pueden establecer diferentes niveles de calor para diferentes partes de la madera. Esto significa que no se producirán bordes quemados, mientras que el centro de la madera seguirá húmedo.
Pero hay un inconveniente: la radiación infrarroja es intensa. Si se aumenta demasiado el calor y la cinta transportadora funciona demasiado lento, se podrá dañar la madera. No se puede simplemente encender o apagar el sistema como se hace con las tuberías de vapor. Se necesita un controlador PID adecuado para mantener el calor bajo control.
Más espacio, menos problemas
Cuando una válvula de vapor falla, toda la línea de producción se detiene durante un día. Es un desastre. Con la radiación infrarroja, si una lámpara se daña, basta con reemplazarla en cinco minutos y volver a trabajar.
Además, se recupera espacio en el suelo. Se pueden retirar esas tuberías voluminosas y oxidadas y reemplazarlas por unidades de infrarrojos más compactas. De este modo, se tiene espacio para otra máquina… o al menos algo de espacio para que el personal pueda trabajar con comodidad.